Wednesday, September 02, 2015


¿Cuán distinto es este fenómeno de El Niño de los anteriores?
El patrón climático actual se parece en unas cosas a su antepasado de 1997, pero difiere en otras.
Por Andrea Thompson, Climate Central | 27 de julio de 2015



Comparación entre las temperaturas de superficie marinas entre noviembre de 1997 y julio de 2015.
Era el invierno de 1997-1998 cuando el abuelito de todos los fenómenos de  El Niño –aquél con el cual todos los demás El Niños serían comparados– acuñó el término climático como un nombre familiar. Tuvo tal impacto sobre el clima en los Estados Unidos que apareció en todos lados, desde las noticias de los derrumbes en el sur de California y la rutina legendaria de Chris Farley en Saturday Night Live. En esencia, fue el “vórtice polar” de los noventas tardíos.
Así que no es sorprendente que sea el fenómeno emblemático en el que la gente piensa cuando escuchan el nombre. Y naturalmente, conforme el fenómeno de El Niño actual ha ganado atención, las comparaciones con 1997 han ido incrementando.
El más reciente apareció esta semana en la forma de una imagen de la National Oceanic and Atmospheric Administration(NOAA) de los EE.UU. que compara las imágenes satelitales de las aguas tibias del Océano Pacífico –una marca distintiva de El Niño– con aquel periodo de junio a noviembre de 1997 cuando El Niño estuvo en su máximo.
Por un lado, las dos son comparables dado que El Niño de 1997 fue el más fuerte registrado hasta ahora y, en este momento, la ciencia más precisa indica que el fenómeno actual podría igualar o competir con aquel –por lo menos en términos de temperaturas oceánicas–. Pero por otra parte, cada fenómeno de El Niño es una bestia única, un producto de condiciones del océano y de la atmósfera, del clima y del tiempo, que son únicas de un tiempo y lugar en particular.
En el corto registro moderno de fenómenos de  El Niño, “no podemos encontrar un solo El Niño que se haya desenvuelto como otro El Niño”, dijo Michelle L’Heureux, una meteoróloga del Centro de Predicciones Meteorológicas de NOAA.
Meteorólogos como L’Heureux no gustan de las comparaciones porque no hay garantías de los impactos de un El Niño sean las mismas de  uno previo, aunque a grades rasgos parezcan muy similares. Y son esos impactos –como el potencial de lluvias para una California afectada por la sequía– los que a la mayoría más les importa.
Clima tormentoso
El Niño no es, como lo puso Farley, una tormenta individual, como un huracán. Más bien es un cambio en el fondo del estado del clima, creado al traer las aguas calientes del océano de su hogar habitual, el oeste tropical del Océano Pacífico, hacia el este. Esa redistribución afecta cómo y dónde el calor del océano se emite hacia la atmósfera, lo que puede alterar los patrones normales de los vientos y el clima tormentoso de la región.
Esos cambios más locales pueden telegrafiarse a través de la atmósfera y, en el caso de los EE.UU., pueden alterar la posición de la corriente de chorro en el país durante los meses de invierno, típicamente llevando a condiciones más húmedas de lo normal en los estados del sur y temperaturas más cálidas en el norte.


Vista aérea de un derrumbe en la costa sur de California al norte de Los Ángeles, tomada en abril de 1998.
Crédito: 
USGS
Sin embargo, esos son los efectos de El Niño a grandes rasgos. Tales tele-conexiones, como les llaman, tienden a ser más confiables cuando El Niño es uno fuerte. Tal fue el caso de ambos fenómenos fuertes de 1997-1998 y de 1982-1983. Enero y febrero de 1998 fueron los más húmedos y cálidos primeros dos meses del año consecutivos para los EE.UU. en un registro de 104 años hasta ese entonces,  según NOAA. La posición de la corriente de chorro significaba que algunos estados al norte vieron las temperaturas elevarse 15 grados por encima de lo normal, y tanto la parte sudeste como la sur de California fueron inundadas por una serie de tormentas.
En California, las lluvias fueron tan inclementes que provocaron derrumbes que arrastraron casas sobre acantilados que se desintegraron, causando cientos de millones de dólares en daños.
Con una California ahora inmersa en una sequía de cinco años que ha llevado al estado a imponer restricciones sobre el uso del agua por primera vez en su historia, algunas lluvias provocadas por El Niño serían más que bienvenidas en estos momentos.
Pero este es el problema: esos dos El Niño fuertes que trajeron lluvias pesadas en el invierno en California son solo eso; una muestra de dos. En la ciencia, eso es una muestra muy pequeña como para sacar conclusiones firmes, dijo L’Heureux.

No es un fenómeno aislado
Hay otros factores, desde el caos inherente a la atmósfera hasta otras señales climáticas de gran escala, que podrían ofuscar cualquier esfuerzo de El Niño. 

Eso fue lo que pasó exactamente con El Niño de 2009-2010, que aunque no fue tan fuerte como el de 1997, aún fue significativo. Pero otras señales climáticas ayudaron a reducir sus efectos en los EE.UU., particularmente en términos de temperaturas, dijo L’Heureux. Eventos como esos hacen que los meteorólogos sean cautos en comparar al El Niño actual con el de 1997 (la NOAA lo reconoció en tanto que cambió la imagen que utilizó originalmente e hizo notar que lo hizo para evitar confusiones).

Los impactos climáticos asociados típicamente con El Niño durante los meses de diciembre, enero y febrero.
Crédito: NOAA


“Pensamos que la fuerza de [El Niño] es importante”, dijo L’Heureux, pero la fuerza exacta que alcanza no es garantía de que los impactos serán similares a los de 1997, “y eso es simplemente porque están pasando otras cosas”, dijo. “El niño no es el único partido jugándose en la ciudad”.
Entonces, ¿dónde nos deja todo esto en términos de ver lo que El Niño depara para este invierno? Tenemos un evento que se ve más y más robusto (al comparar junio de 2015 con junio de 1997, los patrones de temperatura del océano en general son muy similares) y los modelos de pronóstico están bastante de acuerdo con que el fenómeno cobrará fuerza conforme nos acerquemos al invierno y el típico pico de El Niño. Pero exactamente cuándo ocurrirá este pico y cuál será su fuerza final aún es incierto. Y aún más incierto es qué otras influencias habrá sobre el clima de los EE.UU.

Así que lo que los meteorólogos pueden decir por ahora es que las probabilidades de ver aquellos impactos típicos de El Niño, incluyendo lluvia en el sur de California, son más altas, pero aún no se sabe dónde exactamente caerán esas lluvias.
Un factor que podría influenciarlo es la impresionante masa de aguas muy cálidas que ha estado estacionada afuera de la costa oeste por el último par de años, una característica que no estuvo presente en 1997. Esa característica podría impactar los cambios típicos que El Niño trae a la corriente de chorro, dijo en un email Daniel Swain, un estudiante de doctorado en ciencias climáticas de la Universidad de Stanford. Pero es posible que si el niño acumula suficiente fuerza, podría superar esa influencia, agregó.

“Si El Niño logra entrar en territorio de récord durante el próximo invierno, sería difícil que California no experimentara un invierno más húmedo de lo usual, por lo menos en cierta medida”, dijo.
Sin embargo, la única garantía real que los meteorólogos pueden hacer es que el fenómeno de El Niño “evolucionará a su propio modo”, dijo L’Heureux. “Podría ser similar a ciertos fenómenos del pasado”, pero no será exactamente igual.

Este artículo se reproduce con permiso de Climate Central. El artículo se publicó por primera vez el 23 de julio de 2015.

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