Saturday, October 11, 2014


Radiografía de la vida al sur del mundo
Por primera vez, un atlas reúne los datos de científicos de todo el mundo sobre la vida marina en torno a la Antártida. La publicación da cuenta de la inmensa biodiversidad del Océano Austral.


"Nunca nos imaginamos que existía tanta diversidad de flora y fauna en la Antártida. Siempre se pensó que la mayor diversidad estaba en los trópicos y en la medida que se acercaba a los polos iba disminuyendo", indica el investigador chileno Anelio Aguayo-Lobo desde su oficina del Instituto Antártico Chileno (INACH) en Punta Arenas, una de las ciudades más australes del mundo y centro de operaciones para estudios y viajes científicos a la Antártida.


El atlas presenta unas 100 fotos y 800 mapas y gráficos.

Aguayo-Lobo fue uno de los dos investigadores chilenos que aportó datos para el nuevo Atlas Biogeográfico del Océano Austral, un esfuerzo internacional editado por el Comité Científico sobre la Investigación Antártica (SCAR). En esta publicación colaboraron 147 científicos de 91instituciones de 22 países, entre los cuales sólo figuran dos de America Latina: Brasil y Chile.

"De las mil a mil quinientas especies conocidas a fines de los anos 70, hoy se han registrado alrededor de nueve mil, de las cuales unas cuatro mil todavía quedan por describir, porque son nuevas", agrega Aguayo.

Entre los cientos de miles de datos reunidos en el Atlas, Aguayo-Lobo aportó sus registros de aves y mamíferos marinos, que permiten configurar su distribución espacial y variaciones en el tiempo. "Los nuevos investigadores van a partir con un conocimiento tan adelantado, que nosotros nunca soñamos", observa.
De microorganismos a ballenas
Hasta ahora sólo existía un compendio de fines de los años 60 de la Sociedad Americana de Geografía, parcial y no actualizado. "Esta es la primera vez que todos los registros existentes de la biodiversidad marina única de la Antártida han sido compilados, analizados e ilustrados en mapas por la comunidad científica, desde los tiempos del Capitán Cook, cuando se iniciaron las exploraciones antárticas", anunció el Editor Jefe, Claude De Broyer, del Instituto Real Belga de Ciencias Naturales, en el reciente lanzamiento de la obra en Nueva Zelanda.


El Pingüino Adelaida es una de las especies de aves marinas representativas de la región antártica.

En Alemania, el profesor Julián Gutt, biólogo marino del Instituto Alfreg Wegener (AWI) de Bremerhaven, fue co-editor y autor de varios capítulos de la publicación. "Aquí encontramos una enorme cantidad de datos, de gran importancia, que son la base para la investigación", destaca Gutt.

Esta obra comprueba la enorme variedad de seres vivos que habitan el océano Austral: "Desde microorganismos hasta ballenas están registrados y documentados", agrega. La publicación comprende unas 100 fotos y 800 gráficos y mapas. Actualmente se prepara una versión online que permitirá un acceso más amplio desde todo el mundo y que estaría lista en dos o tres años.
Reserva para la vida
Aunque el primer objetivo del atlas es la compilación de datos y análisis de expertos, éstos pueden permitir un mejor análisis y formulación de políticas de conservación y protección del medio ambiente.

"Este océano tiene una gran relevancia como sumidero de CO2 explica Julián Gutt-. Las micro algas lo consumen y producen el oxígeno que respiramos en todo el mundo". Por eso, la vida en el resto del Planeta depende también de estas aguas. Y los efectos del cambio climático en esta zona están en directa relación con lo que ocurre en todo el mundo.

Sin embargo, en la posible creación de áreas marinas protegidas que será nuevamente discutida en octubre por la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLAR) pesarán no sólo las observaciones de los investigadores. "El atlas sólo muestra datos científicos... lo otro es decisión política", advierte Gutt.

Por su parte, Anelio Aguayo-Lobo celebra que en los registros se compruebe el positivo efecto de las medidas de conservación adoptadas para proteger a las ballenas en estas aguas. "Algunas ballenas, como la azul, se están recuperando e incluso hemos avistado ballenas en invierno", destaca el investigador del INACH. "Este atlas es un gran paso y tiene una inmensa proyección, así como representa un gran desafío y responsabilidad en los esfuerzos de protección", concluye.


El elefante marino es una de las especies que registra el Atlas Biogeográfico del Océano Austral.

Hacia la edad de oro de la geociencia


Un grupo de geógrafos presentó en Dinamarca los primeros resultados de la misión SWARM, esperando que sus hallazgos le den un impulso a la investigación del campo energético terrestre y, en general, a la Geociencias.

Aunque la Agencia Espacial Europea (ESA) puso en órbita los satélites SWARM hace apenas cinco meses, sus artífices ya han obtenido datos de altísima precisión; misiones previas tardaron hasta diez años en registrar mediciones de tal exactitud. "La información que hemos conseguido me impresiona mucho", admite la profesora Claudia Stolle, directora del departamento a cargo de los estudios del campo magnético terrestre en el Centro Alemán de Investigaciones Geo científicas (GFZ), en Potsdam.

En Copenhague, Stolle y su equipo presentaron los resultados de su investigación en torno a las unidades externas del campo magnético terrestre, elementos que están en permanente estado de cambio. Los expertos analizaron la interacción del campo magnético de la Tierra con la radiación solar, así como con la radicación cósmica de nuestra propia galaxia. Sus observaciones los han llevado a hablar de la existencia de una suerte de "clima espacial".
Un gran desafío
Los satélites SWARM obtienen información sobre todas las fuentes del campo geomagnético de manera simultánea. "Los datos que recibimos nos llegan mezclados", explica Stolle. "Cuando queremos indagar más sobre los procesos que se dan tanto en el núcleo de la Tierra como en el espacio, tenemos que diferenciar y separar las distintas fuentes del campo magnético". Y esto sólo es posible con datos de alta precisión y con instrumentos que puedan determinar, por ejemplo, la potencia y la dirección del campo magnético.

Con las mediciones recogidas, Stolle y sus colaboradores pueden determinar cómo se producen las corrientes eléctricas en la ionósfera. Además, estos datos también les facilita el pronóstico de borrascas en el espacio. De ahí la importancia de que la información obtenida sea lo más exacta posible. Para alcanzar esa precisión, es imprescindible saber la posición exacta del satélite. "El satélite se mueve a una velocidad de ocho kilómetros por segundo a través de las líneas del campo magnético", explica Ludwig Grundwald, del GFZ.

"Para cartografiar el campo magnético, primero debemos conocer exactamente la ubicación del satélite", agrega Grundwald. La precisión en centímetros es esencial porque los científicos necesitan las mediciones hechas desde el espacio para hacerse una imagen de la superficie terrestre que sea fiel a la realidad. Con miras a lograr una localización exacta de estos satélites son necesarios tres instrumentos a bordo: visor de estrellas, receptores GPS y reflectores láser.

Cada vez que un satélite sobrevuela Potsdam, una estación de tierra lo detecta con un láser y calcula cuánto tiempo necesita la luz para llegar desde el suelo hasta el satélite y viceversa. Según el tiempo que tarde, se calcula la posición exacta del satélite.
De los datos crudos al conocimiento
En las últimas semanas, los científicos han conseguido que las mediciones de los satélites SWARM sean tan precisas que incluso pueden separar las distintas fuentes del campo geomagnético. "La parte dominante de la fuerza se produce en la parte líquida del núcleo de la Tierra", comenta Stolle. Para lograr separarlas, los investigadores analizan los datos de los satélites con programas informáticos específicos: éstos filtran los datos según los cambios del campo magnético que se han producido durante segundos, horas, días e incluso años.

Cada una de las fuentes del campo geomagnético tiene una dinámica distinta. En el corazón de nuestro planeta, donde se origina el campo principal esto es, en el borde exterior del núcleo caliente de la Tierra, el hierro líquido conductor de la corriente se mueve muy lentamente. Por este motivo, el campo magnético terrestre se va modificando durante largos períodos de tiempo, que pueden durar tanto años como décadas. Precisamente lo contrario ocurre con ese campo magnético en el espacio, donde los cambios pueden producirse en cuestión de segundos; por ejemplo, durante una tormenta solar.

En la presentación realizada en la capital danesa, expertos de todo el mundo explicaron cómo se ha ido modificando el campo magnético de la Tierra en los últimos seis meses. Los investigadores del GFZ quisieron remarcar la precisión y la calidad de los datos proveídos por la misión SWARM, y al mismo tiempo motivar a la comunidad científica y a los posibles usuarios de la información a aprovechar el potencial de la misma. Uno de los objetivos de Claudia Stolle y su equipo es descubrir, con la ayuda de estos datos, cómo interactúan entre el campo magnético, la atmósfera de la Tierra y la radiación solar.

De momento, los investigadores se alegran de poder observar estructuras mucho más pequeñas de lo usual, así como procesos de corta duración en el campo magnético externo. Ahora intentan descubrir, por ejemplo, qué consecuencias tiene una tormenta solar o la alteración del campo magnético para el clima terrestre. Los científicos del GFZ dejaron en el aire la impresión de que estos hallazgos podrían ser revolucionarios y de que la edad de oro de la investigación del campo magnético y de la geo ciencia, en general no ha hecho más que empezar.


Lanzan satélites para medir debilitamiento del campo magnético

 
La Agencia Espacial Europea lanzó tres satélites al espacio para estudiar el debilitamiento del campo magnético de la Tierra. Éste puede llegar a desaparecer dentro de quinientos años, según los expertos.

En el marco de su proyecto Swarm, la Agencia Espacial Europea (AEE) puso en el espacio tres satélites que la ayudarán a entender el proceso de debilitamiento del campo magnético que hace posible la existencia de vida en la Tierra. Los artefactos en cuestión, lanzados este viernes (22.11.2013) desde el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de Rusia,recopilarán información durante cuatro años. Los científicos estiman que el campo magnético puede desaparecer por completo en el curso de los próximo quinientos años.

De hecho, los expertos describen su desaparición como el preludio de una inversión que ya ha ocurrido antes en la historia del planeta. Los geólogos sostienen que el campo magnético se ha "dado la vuelta" cada 250.000 años. Si la última de esas inversiones tuvo lugar hace aproximadamente 800.000 años, es razonable calcular que la próxima está por manifestarse, sostienen los especialistas. "Swarm es una misión muy importante para todo el mundo, no solamente para Europa", dijo Jean-Jacques Dordain, director general de la AEE.

Dordain alude al rol que cumple el campo magnético de la Tierra como "escudo protector" de todas las especies vivientes que la habitan y señala que en el último siglo y medio, éste se ha debilitado en entre un diez y un doce por ciento. Los satélites del programa Swarm, que estuvo preparándose durante ocho años, medirán la fuerza, la dirección y las fluctuaciones del campo magnético desde una altura de 500 kilómetros.

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