Saturday, August 09, 2014




Océanos en movimiento
http://noticiasdelaciencia.com/not/10471/oceanos-en-movimiento/

Entrega en dos partes del podcast Océanos de Ciencia, realizado por Manuel Díez Minguito (profesor de la Universidad de Granada en España), en Ciencia para Escuchar, que recomendamos por su interés.
Las aguas de los océanos se encuentran en continuo movimiento. De entre las múltiples formas que tienen sus aguas de moverse, una de las más importantes, por su influencia en el clima de nuestro planeta, son las llamadas corrientes oceánicas o corrientes marinas, que recorren miles de kilómetros como si de auténticos ríos en el mar se tratara. 
En la primera parte de este programa se explica cómo la diferencia de temperaturas entre el ecuador y los polos, generada por la radiación que nos llega del Sol, es capaz de poner en marcha corrientes de aire (vientos) y agua (corrientes marinas). 
En la segunda parte se habla del otro factor que actúa sobre las corrientes marinas: la rotación terrestre. La rotación de la Tierra en torno al eje Norte-Sur que conecta sus polos, desempeña un papel sutil pero fundamental en las trayectorias de esas corrientes. 
Las dos partes de esta entrega del podcast Océanos de Ciencia, en Ciencia para Escuchar, se pueden escuchar aquí:

Océanos en movimiento (I): La radiación solar
http://cienciaes.com/oceanos/2014/04/08/corrientes_marinas/
http://hwcdn.libsyn.com/p/4/f/c/4fc70cb5b162940d/oc_015_corrientesI.mp3?c_id=7054872&expiration=1407444860&hwt=2e25b8097b50a6c7af7b2dd29b818478


Las aguas de los océanos se encuentran en continuo movimiento. De entre las múltiples formas que tienen sus aguas de moverse, una de las más importantes, por su influencia en el clima de nuestro planeta, son las llamadas corrientes oceánicas o corrientes marinas, que recorren miles de kilómetros como si de auténticos ríos en el mar se tratara.
Quizás el mejor ejemplo de estas persistentes corrientes sea la conocida como Corriente del Golfo, en el Atlántico Norte, que desde hace siglos ha venido favoreciendo el tráfico marítimo entre América y Europa. La Corriente del Golfo, que en algunas zonas llega a alcanzar los 10 km/h, transporta agua cálida desde Cuba y Florida, en el Golfo de México, hasta el NO de Europa. Ésta discurre a lo largo de la costa E de los Estados Unidos para finalmente girar a la derecha y bañar las costas atlánticas europeas. Sus aguas cálidas templan así las temperaturas de las islas británicas o las costas de Noruega, haciendo su clima más benigno del que en teoría les correspondería a esas latitudes.

La Corriente del Golfo no es algo aislado, sino que forma parte de un sistema de corrientes mucho más complicado, que gira en el sentido de las agujas del reloj en la cuenca del Atlántico Norte. Sistemas similares también aparecen en el Pacífico, como la corriente de Kuroshio, que conecta la costa E asiática con la costa W de Norte América, o la corriente australiana del E, en su día popularizada por la película de dibujos animados “Buscando a Nemo”.
Todas estas corrientes giran, se bifurcan, se entrelazan y se extienden a lo largo de miles de kilómetros formando parte de un complicado y delicado engranaje que actúa a escala planetaria. Cómo funciona este mecanismo, cómo se relacionan unas corrientes con otras, cómo dependen de los movimientos atmosféricos y cómo influyen en el clima global de nuestro planeta son preguntas actuales, que los científicos se afanan en responder. A día de hoy, se conoce bien qué factores ponen en marcha estas corrientes. Por una parte, está la energía que nos llega del Sol en forma de calor (radiación electromagnética), y, por otra parte, aunque en menor medida, está la rotación terrestre.

Veamos con un poco más de detalle cómo intervienen estos dos factores. Comencemos por el primero: la radiación solar.
Una buena parte de la radiación que del Sol nos llega, calienta, es decir, se transforma en calor. Determinar cuánto se calienta una zona determinada de la superficie terrestre suele ser algo complicado puesto que intervienen muchos factores, como la época del año, la latitud, si hay nubes o ha llovido el día anterior, etc. Pero visto a lo largo de un año, en promedio, la Tierra se recibe más energía del Sol en las zonas ecuatoriales que en los Polos. Por ello, la temperatura media anual del planeta es menor en los Polos que en el Ecuador. Para el agua del mar en la superficie podemos estar hablando de una diferencia que puede alcanzar hasta 30ºC. La Tierra, ante esta situación, busca infructuosamente un equilibrio tratando de homogeneizar sus temperaturas. Una de las formas más eficientes que tiene para ello, es poner en marcha corrientes de agua y de aire que saquen el exceso de calor del Ecuador y lo lleven hacia las regiones polares, es decir, la Tierra responde estableciendo vientos y corrientes marinas.

En cuanto a los vientos, éstos actúan de dos maneras para redistribuir ese exceso de calor ecuatorial. Por un lado, lo hacen moviendo directamente masas de aire cálido hacia regiones más frías, y, por el otro, extrayendo calor de los océanos tropicales cuando se evapora agua y liberando ese mismo calor en un entorno más frío cuando el vapor de agua se condensa. A ese calor se le llama calor latente de evaporación y el proceso es el mismo que tiene lugar cuando el agua de un botijo se enfría: la evaporación requiere energía que se extrae del agua del líquido, enfriándolo. Un ejemplo dramático de este tipo de transferencia de energía en forma de calor latente entre océanos y atmósfera son las tormentas tropicales conocidas como ciclones o huracanes. Los ciclones son capaces de transportar lejos de los océanos tropicales grandes cantidades de energía/calor en muy poco tiempo. Por eso, se teme que el calentamiento global incremente la ocurrencia de estos fenómenos, cuyas consecuencias son tantas veces devastadoras.

Los océanos, por su parte, al igual que los vientos, compensan el exceso de calor en el Ecuador transportando agua caliente hacia zonas más frías mediante corrientes marinas. Debemos tener en cuenta además que estas corrientes son ayudadas por los vientos, ya que el viento al soplar es capaz de empujar consigo grandes masas de agua por el rozamiento existente entre el aire y el agua. Para hacernos una idea, la circulación del aire, lo que percibimos como viento, es como una cuchara gigantesca que nunca deja de remover los océanos, como si de un gran tazón de sopa se tratara. No obstante, el transporte de calor en el agua es mucho más lento, pero de efectos más duraderos que en el aire, debido a la mayor densidad del agua y a su mayor capacidad de almacenar calor. A esta última propiedad del agua de almacenar calor o energía se la denomina capacidad calorífica y su efecto lo conocen bien los que viven en poblaciones costeras, que disfrutan de temperaturas más suaves porque los cambios de temperatura del día a la noche o de verano a invierno son atenuados por la presencia del mar.
Como vemos, todos estos procesos, que están directa o indirectamente causados por el calor generado por la radiación solar, son capaces de generar corrientes de aire y agua. Por eso, entre otras cosas, se piensa que nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales influyen en la radiación neta que recibimos del Sol, puedan alterar tanto las corrientes oceánicas como los sistemas de vientos y trastocar aún más el equilibrio climático del nuestro planeta. En el próximo programa hablaremos del otro protagonista en el movimiento de los océanos: La rotación terrestre.

Océanos en movimiento (II): La rotación terrestre
http://cienciaes.com/oceanos/2014/04/29/oceanos-en-movimiento-ii-la-rotacion-terrestre/
http://hwcdn.libsyn.com/p/d/b/0/db0185ce36f0a326/oc_016_corrientesII.mp3?c_id=7124727&expiration=1407445529&hwt=a84e34e7373b4cec5db989a59e193a56


El Sol, y la energía que de él nos llega, y la Tierra, con su rotación, mantienen los océanos y la atmósfera en continuo movimiento.
En la primera parte de este programa les contamos cómo la diferencia de temperaturas entre el Ecuador y los Polos, generada por la radiación que nos llega del Sol, es capaz de poner en marcha corrientes de aire (vientos) y agua (corrientes marinas). Es, por tanto, la radiación solar el factor principal que mantiene las corrientes marinas.
En esta segunda parte les hablamos del otro factor: la rotación terrestre. La rotación de la Tierra en torno al eje Norte-Sur que conecta sus Polos, juega un papel sutil pero fundamental para conocer las trayectorias de esas corrientes. El efecto principal de la rotación es curvar las trayectorias de las corrientes. Concretamente, tiende a desviarlas hacia la derecha en el sentido del movimiento en el hemisferio Norte y hacia su izquierda en el hemisferio Sur. A este curioso efecto se le denomina efecto Coriolis; nombrado así en honor al científico francés Gustave Coriolis por sus estudios de cuerpos en rotación. El efecto Coriolis no sólo hace girar las corrientes marinas, sino también las masas de aire de la atmósfera (piensen ustedes, por ejemplo, en los grandes giros o remolinos que llamamos borrascas y anticlones, y que seguramente hayan visto en algún parte del tiempo meteorológico).

Ahora la cuestión es ¿por qué vemos que giran y no vemos trayectorias rectilíneas? Sigan, por favor, el siguiente ejemplo que ustedes mismos podrán experimentar.
Puede que en su pueblo o ciudad o en su mismo barrio haya un parque infantil con un carrusel. En realidad, estos carruseles no son más que plataformas giratorias, por lo general circulares y con un eje de rotación en el centro, quizás incluso con asientos, y que al hacerlo girar suelen hacer las delicias de los pequeños y de algún que otro grande. Uno de estos carruseles nos va a servir como Tierra improvisada. Estos carruseles comparten con la Tierra el hecho de girar alrededor de un eje, y la diferencia evidente de que sea una superficie plana y no esférica la que rota no va a cambiar en exceso la comparación.
Imagine que una tarde, dos hermanos, uno de pelo rubio y otro moreno, se encuentran en el parque infantil junto con su padre, que les vigila con cierto aire distraído. Los chicos, algo aburridos, deciden montarse en el carrusel. Ambos corren e impulsan el carrusel haciéndolo girar rápidamente en sentido contrario a las agujas del reloj. Se montan a la carrera y ambos se sientan cara a cara: el chico moreno en el borde del carrusel y su hermano rubio se sienta sobre el eje de rotación. Si mantenemos la analogía con la Tierra es como si el chico rubio estuviera en el Polo Norte y el chico moreno estuviera sentado en una zona próxima al Ecuador.

Los dos chicos giran solidariamente con el carrusel sin perderse de vista y manteniéndose la distancia que los separa, pero ambos se desplazan a velocidades muy distintas. Mientras que el chico rubio, en el eje de rotación, se mueve muy poco (lo único que hace es rotar), el chico moreno, más alejado del eje de rotación, se desplaza a mayor velocidad en sentido anti-horario. Este hecho es fundamental: la velocidad disminuye cuanto más cerca estemos del eje de rotación. Lo mismo ocurre en la Tierra. Una persona que esté en el Ecuador se encuentra exactamente a un radio terrestre de distancia del eje de rotación, y se desplaza a la vertiginosa velocidad de 1620 km/h hacia el Este. En cambio, otra persona que se encuentre en el Polo Norte, está justo sobre el eje de rotación y no experimenta desplazamiento alguno (solo rota, como el chico rubio).
Pues bien, con el carrusel en movimiento, el chico sentado en el borde (el moreno) saca ahora una pelota de tenis y se la lanza, no muy fuerte, a su hermano rubio. La pelota sale de la mano del chico moreno y ambos, expectantes, la siguen con la mirada. Pero, conforme la pelota avanza en el aire y el carrusel sigue su rápido movimiento de rotación, ambos observan sorprendidos cómo la trayectoria de la pelota parece curvarse hacia la derecha del lanzador, siendo imposible para el chico rubio capturarla.

¿Qué es lo que ha ocurrido? El chico moreno, con la intención de hacerle llegar la pelota a su hermano rubio, ha tenido que impulsar la pelota con una cierta velocidad de salida en dirección al centro del carrusel. Pero como estaba sentado al borde, a esta velocidad hay que superponerle la velocidad a la que se mueve el borde del carrusel. Por tanto, cuando la pelota sale de la mano del chico moreno, tiene una velocidad de salida compuesta por la suma de ambos movimientos: uno hacia el eje de rotación donde está el chico rubio, y otro, causado por el movimiento de rotación, hacia la derecha del lanzador (recuerden que el giro del carrusel era precisamente en sentido anti-horario, hacia la derecha del lanzador). Un aspecto importante es que, una vez lanzada, la pelota ya no participa del movimiento de rotación puesto que va por el aire y, si nadie la intercepta y despreciamos el rozamiento con el aire, conserva su velocidad en ambas direcciones.
Pues bien, la pelota ya ha sido lanzada y se va alejando del borde hacia el eje del carrusel. Sin embargo, según se va acercando al eje de rotación, va encontrando por debajo un suelo que cada vez tiene una menor velocidad en el sentido de giro (recuerden que la velocidad disminuye cuanto más cerca se esté del eje de rotación). Eso significa que la velocidad de la pelota en el sentido de giro (hacia la derecha del lanzador) es mayor que la del suelo en el mismo punto. El resultado es que ambos chicos ven como la pelota se adelanta respecto del suelo. Por ejemplo, el chico moreno que lanzó la pelota desde el borde ve como la trayectoria de la pelota se curva hacia su derecha.

Es fácil imaginar que los hermanos no hubieran observado esta desviación de la trayectoria de la pelota si el carrusel fuera pequeño, o si la velocidad de rotación fuera pequeña, o si el lanzamiento hubiera sido tan rápido que no hubiera dado tiempo a que el carrusel hubiera girado un ángulo apreciable antes de que la pelota recorra la distancia desde el borde hasta el centro. Por otra parte, esta desviación de la trayectoria es una desviación aparente, percibida por los chavales por están sentados en una superficie en rotación. Otro observador fijo, no sujeto a rotación alguna, como su padre que les observaba atentamente desde fuera, no observaría tal desviación, tal giro, sino que vería que la trayectoria de la pelota es la habitual de un lanzamiento, sin giros extraños.

En el caso de la Tierra, ocurre algo similar. Observamos que las trayectorias de las corrientes de aire o de agua se curvan (1) por encontrarnos nosotros mismos sobre una superficie en rotación y (2) porque distintos puntos de la superficie se desplazan a velocidades distintas (las zonas cercanas a los Polos se mueven más lentamente que las zonas situadas cerca del Ecuador). Como estas corrientes recorren grandes distancias y, a escala planetaria, son relativamente lentos, da tiempo a que el arco barrido por la rotación terrestre sea apreciable y, por lo tanto, el giro observado en sus trayectorias también lo es. Otros cuerpos en movimiento como aviones o proyectiles que también se desplazan grandes distancias deben corregir su movimiento teniendo en cuenta la rotación terrestre.
A menor escala, en situaciones más de andar por casa, el efecto de la rotación terrestre en los cuerpos en movimiento es inapreciable. Por ejemplo, en ningún deporte un jugador tiene que tener en cuenta la rotación de la Tierra para hacerle llegar la pelota a un compañero. Algunos argumentan que los vórtices o remolinos que se forman en los sumideros de las duchas, fregaderos, lavabos, etc. son debidos a la rotación terrestre, pero esto no es cierto. Si bien el agua que se va por el desagüe se ve sometida a la fuerza de Coriolis, su efecto es miles de veces más débil que otros factores como la turbulencia, la posición del grifo, la forma de la pieza, etc.
Efecto de Coriolis:            http://youtu.be/77krqZbLss4
                                           http://youtu.be/SfKFexjLIpI

Detectan erupciones volcánicas de forma temprana
http://noticiasdelaciencia.com/not/10233/detectan-erupciones-volcanicas-de-forma-temprana/


Investigadores de Argentina demostraron que el estudio de los cambios atmosféricos alrededor de un volcán puede ser una herramienta útil para alertar a las autoridades y a la población ante posibles erupciones.
Uno de los autores principales del estudio, el doctor Eldo Avila, investigador del Instituto de Física Enrique Gaviola (IFEG-CONICET) en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (FaMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba, señaló que llegaron a esa conclusión al estudiar en 2011 el volcán chileno Puyehue-Cordón Caulle, cuyas cenizas llegaron por el viento hasta las ciudades de Buenos Aires y Melbourne, en Australia.
Mediante un equipo desarrollado por la red mundial de localización de rayos en tiempo real (WWLLN, según sus siglas en inglés), que se basa en el uso de ondas de radio, Avila y sus colegas detectaron descargas eléctricas atmosféricas asociadas con esa erupción. “El sistema emitió un alerta 30 minutos antes de que lo hicieran el Servicio de Geología y Minería y el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur de Chile, cuya tecnología registra las erupciones por medio de la observación directa y mediciones sismológicas”, destacó Avila.
Esta herramienta, que se utilizó por primera vez en Sudamérica, permite emitir una alerta en el momento que entra en erupción, no antes, “pero en lugares remotos esta alarma podría ser la única manera de conocer en tiempo real la erupción y agilizar la implementación de sistemas de evacuación y prevención de desastres”, aseguró el investigador de CONICET.

Los investigadores argentinos comprobaron que el estudio de los cambios atmosféricos alrededor de un volcán puede servir para alertar a las autoridades y a la población ante posibles erupciones. Créditos: Gentileza Dr. Eldo Avila.
Del estudio, publicado en la revista Meteorológica, también participaron el doctor Rodrigo Bürgesser, del IFEG-CONICET en FaMAF; y María Gabriela Nicora, del régimen científico del Ministerio de Defensa de Argentina e investigadora del CONICET. (Fuentes: Bruno Geller/AGENCIA CYTA-INSTITUTO LELOIR/DICYT)

Revelan los mecanismos de formación y evolución de la placa tectónica del Pacífico
http://noticiasdelaciencia.com/not/10115/revelan-los-mecanismos-de-formacion-y-evolucion-de-la-placa-tectonica-del-pacifico/


La capa externa de la Tierra está formada por una serie de placas en movimiento interactuando entre sí, y cuyos desplazamientos promueven el desencadenamiento de terremotos, la creación de volcanes y la formación de montañas. Geólogos, geofísicos y otros especialistas intentan desde hace mucho tiempo conocer lo bastante bien las propiedades fundamentales de las placas y de los mecanismos que las inducen a moverse. Las preguntas sobre el tema que están pendientes de recibir respuesta han venido alimentando un intenso debate.
Un nuevo estudio realizado por el equipo de Caroline Beghein, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Los Ángeles (UCLA), y Nicholas Schmerr, de la Universidad de Maryland, ambas instituciones en Estados Unidos, ha permitido dar un significativo paso hacia el esclarecimiento de esos enigmas.

Los investigadores utilizaron una técnica llamada tomografía sísmica para estudiar la estructura de la Placa del Pacífico, una de la decena de las placas principales del mundo. La técnica les ha permitido determinar el espesor de la placa, y discernir el interior de la misma así como de la porción de manto subyacente (la capa entre la corteza de la Tierra y el sector más externo del núcleo).
Las rocas se deforman y fluyen lentamente dentro del manto de la Tierra, lo que hace que las placas se muevan. La nueva investigación ha permitido hacerse una idea de sus mecanismos de formación y evolución.


 La capa más externa de la Tierra está dividida en placas en movimiento que interactúan entre sí, y cuyo movimiento en la superficie genera la mayoría de los terremotos, crea volcanes y forma montañas. En esta imagen, la capa de color naranja representa la deformable y caliente astenosfera, en la que hay un flujo del manto activo. La capa verde es la placa litosférica, que se forma en la dorsal centro-oceánica, y luego se enfría y aumenta de grosor a medida que se aleja de la dorsal. (Imagen: UCLA)
 La tomografía sísmica es similar a la utilizada comúnmente en técnicas médicas de captación de imágenes como la tomografía computerizada, o TAC. Pero en lugar de usar rayos X, la tomografía sísmica emplea grabaciones de las ondas sísmicas generadas por terremotos, lo que permite a los científicos detectar variaciones en la velocidad de las ondas sísmicas en el interior de la Tierra. Esas variaciones pueden revelar diferentes capas dentro del manto, y ayudar a los científicos a determinar la temperatura y la composición química de las rocas del manto mediante la comparación de las variaciones observadas en la velocidad de las ondas sísmicas con las predicciones hechas a partir de otros tipos de datos geofísicos.
Los investigadores han determinado que la formación de la Placa del Pacífico es el producto de una combinación de mecanismos: La placa se vuelve más gruesa a medida que las rocas del manto se enfrían, la composición química de las rocas que forman la placa cambia con la profundidad, y el comportamiento mecánico de las rocas cambia con la profundidad y la proximidad al lugar donde nuevas porciones de placa se están formando, en la zona de la dorsal centro-oceánica del Pacífico.

Sin embargo, aún contando con los nuevos descubrimientos, las propiedades fundamentales de las placas encierran aún bastantes enigmas, tal como comenta Beghein.
Las dorsales centro-oceánicas son, en esencia, cordilleras submarinas situadas en los sectores centrales de los océanos del planeta, y están vinculadas a procesos geológicos subterráneos muy importantes. Las placas oceánicas se forman en las dorsales oceánicas y desaparecen en el manto de la Tierra, mediante un proceso conocido como subducción.

El colosal impacto de un asteroide contra la Tierra hace 3.260 millones de años
http://noticiasdelaciencia.com/not/10087/el-colosal-impacto-de-un-asteroide-contra-la-tierra-hace-3-260-millones-de-anos/



Aunque en diversos estudios científicos se habían emitido con anterioridad hipótesis sobre enormes impactos antiguos, mucho mayores que el que pudo eliminar a los dinosaurios hace 65 millones de años, un nuevo estudio revela ahora la potencia y escala de un evento cataclísmico de hace 3.260 millones de años, que se piensa creó en una región de Sudáfrica las estructuras geológicas conocidas como cinturón de rocas verdes de Barberton.

La reconstrucción de los hechos es sin duda impresionante:
Un asteroide entre tres y cinco veces más grande que el caído hace unos 65 millones de años (a cuyo impacto se le atribuye el inicio de la catástrofe que extinguió a los dinosaurios). La colisión crea un cráter en la corteza terrestre de casi 500 kilómetros (unas 300 millas), hasta dos veces y media mayor que el diámetro del agujero que se formó por el asteroide que probablemente mató a los dinosaurios. Ondas sísmicas mayores que cualquier terremoto registrado hacen temblar el planeta durante una media hora, unas seis veces más tiempo que el enorme terremoto que golpeó Japón hace tres años. El impacto levanta también tsunamis mucho más grandes que el que siguió al terremoto japonés.
El gigantesco objeto que impactó, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro (de 23 a 36 millas), colisionó con el planeta a una velocidad de 20 kilómetros por segundo (12 millas por segundo). La sacudida, mayor que la de un terremoto de magnitud 10,8, propulsó ondas sísmicas a cientos de kilómetros a través de la Tierra, rompiendo rocas y generando o gestando otros terremotos grandes. Tsunamis mucho mayores que los peores de la historia reciente barrieron los océanos que cubrían la mayor parte de la Tierra en esa época.
El físico Norman Sleep y el geólogo Donald Lowe, ambos de la Universidad de Stanford en California, Estados Unidos, han basado su trabajo de reconstrucción en análisis de formaciones rocosas delatadoras que el segundo descubrió en el cinturón de rocas verdes de Barberton hace una década. La estructura de esas formaciones rocosas denotaba la acción del impacto de un asteroide.
La nueva investigación modela por vez primera cuán grande fue el asteroide y qué efecto tuvo sobre el planeta, incluyendo la posible iniciación de un sistema de placas tectónicas más moderno.

Una representación gráfica del tamaño del asteroide que se cree mató a los dinosaurios, y el cráter que creó, comparados con el asteroide que se piensa golpeó la Tierra hace 3.260 millones de años y el tamaño del cráter que pudo generar. (Imágenes: American Geophysical Union)
El estudio representa la primera vez que los científicos han cartografiado de esta forma un impacto que ocurrió hace más de 3.000 millones de años, y es una de las primeras veces que se logra modelar con este nivel de detalle un impacto sucedido durante aquel período remoto de la evolución geológica de la Tierra.
El impacto debió ser catastrófico para el medio ambiente en la superficie de la Tierra. El choque más pequeño del asteroide al que se culpa de exterminar a los dinosaurios se estima que liberó 1.000 millones de veces más energía que las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki. La colisión más antigua que ahora está saliendo a la luz liberó mucha más energía.

Según la reconstrucción, el cielo se volvió rojo por el calor, la atmósfera se llenó de polvo y la superficie de los océanos hirvió literalmente. El impacto envió a la atmósfera una ráfaga colosal de roca vaporizada, que dio la vuelta al globo y se condensó en gotas líquidas a modo de magma volcánico, antes de solidificarse y caer al suelo.
El impacto pudo ser originado por alguno de las docenas de asteroides enormes que los científicos creen golpearon la Tierra durante la fase final del período llamado Bombardeo Intenso Tardío, que tuvo sus últimos pero funestos coletazos hace unos 3.000 millones de años.

Muchos de los lugares donde aterrizaron esos asteroides fueron destruidos por la erosión, el movimiento de la corteza terrestre y otras fuerzas a medida que la Tierra evolucionaba, pero los geólogos han encontrado un puñado de áreas en Sudáfrica y Australia Occidental que aún guardan pruebas de esos impactos que ocurrieron hace entre 3.230 y 3.470 millones de años. Los autores del nuevo estudio piensan que el asteroide tocó tierra a miles de kilómetros de distancia del cinturón de rocas verdes de Barberton, aunque no pueden identificar el lugar exacto.
El cinturón de rocas verdes de Barberton es un área de 100 kilómetros (62 millas) de largo y 60 kilómetros (37 millas) de ancho que se sitúa al este de Johannesburgo, cerca de la frontera con Suazilandia. Contiene algunas de las rocas más antiguas del planeta.


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