Saturday, February 18, 2012

Los Tipos de Suelos Condicionan las Repercusiones de los Seísmos o Terremotos



Publicado por Juan José Ibáñez


Si usted vive en un área con altos riesgos sísmicos, obviamente no podrá evitarlos. Sin embargo, sí pudiera estar en sus manos paliar el efecto sobre la vivienda en la que habita y la vida de sus seres queridos. Con tal propósito, basta elegir el tipo de suelos sobre los que se asentará, así como la posición fisiográfica en la que se edificará. Si los terremotos son bastante imprevisibles, las repercusiones pueden paliarse con mayor precisión, aunque nunca exista certeza absoluta, por supuesto. A la hora de escribir este post, hace meses que en España se sufrió el terremoto de Lorca (2011) y en la Isla de Hierro (Archipiélago Canario). Por centrarnos en Lorca, no se trató de un evento de gran magnitud. Sin embargo las repercusiones fueron mayores de las que hubiera cabido esperar. La prensa se hizo eco del debate sobre las causas de tal desastre. Obviamente no puede compararse con los que suelen aparecer en la prensa mundial. Sin embargo, retorné por unas pocas horas al tema de la “edafología de los desastres naturales”. Y, para mi sorpresa, detecte abundantísima información en suahili, y prácticamente ninguna en español-castellano. Pues sí, la cuestión estriba en que distintos tipos de suelo-regolito responden de forma diferente a los temblores, siendo las repercusiones sobre unos mucho más graves que en otros.


Desgraciadamente soy mortal, y disto en demasía de atesorar una formación enciclopédica. En España, la docencia de la edafología no suele incluir estos temas. Más aun, debido a que las zonas de riesgo sísmico se encuentran muy localizadas y que aun en ellas los terremotos de gran magnitud son afortunadamente escasos, no suele ser un tema que despierta un gran interés en la opinión pública, hasta que algo ocurre, claro está. Ahora bien muchos de los lectores de esta bitácora procedéis de Latinoamérica, en donde tales desastres son muy comunes y graves en ciertas regiones.


Efectivamente, tanto las propiedades de los tipos de suelos como las de sus regolitos subyacentes condicionan las repercusiones de los terremotos que pueden acaecer en un territorio. De este modo, entre enclaves próximos la susceptibilidad de que ocurran tragedias es mayor en unos lugares que en otros, incluso en distancias pequeñas. En consecuencia, el ciudadano que tuviera tal posibilidad, podría escoger lugares menos “vulnerables” que otros ante el impacto de estos eventos. Con independencia de la fisiografía que condiciona las avalanchas y deslizamientos, las propiedades de los materiales edáficos son muy variadas. Así, por ejemplo, las rocas blandas y porosas /y más aun si se encuentran rellenas de agua) resultan ser más vulnerables que las duras y compactas. La resistencia a la tensión, la velocidad con que se transmiten las ondas y la licuefacción son elementos muy a tener en cuenta. De hecho, una clasificación de suelos-regolitos en función de su vulnerabilidad ante el efecto de los seísmos es necesaria. También en sentido estricto, las propiedades de los tipos de suelos o edafotaxa “clásicos” resultan relevantes. Sin embargo, es palmario que la ordenación urbanística no suele basarse en las recomendaciones que al respecto suele ofrecer la ciencia. Basta viajar, observar el terreno y la localización de los asentamientos.


Ni puedo ni me atrevo a realizar un resumen de todo el material que he detectado en Internet. Os dejo pues los contenidos y enlaces de varias páginas Web. Reitero que por desgracia tal documentación se encuentra escrita en inglés. Ahora bien, no es de difícil lectura. Incluso en algunos casos se dan instrucciones a los ciudadanos para que inspeccionen debidamente el terreno (suelo y fisiografía) antes de comprarlo para edificar su casa. Espero que tal material sea útil con vistas a que los docentes divulguen sus contenidos tras una previa traducción a la ciudadanía. La física de suelos no es precisamente uno de mis puntos fuertes. Lo lamento sinceramente! 
¿Puede el campo magnético de la Tierra
volverse loco de repente?



Los polos magnéticos de la Tierra se invierten cada 200.000 años, cuando el norte que indica la brújula se convierte en el sur y viceversa. Este cambio es muy lento, tarda nada menos que 4.000 años en producirse, y no es más que un fenómeno natural originado por los movimientos de metales líquidos en el centro del planeta.
FUENTE
ABC Periódico Electrónico S.A.


Sin embargo, científicos han detectado en una parada para camiones de la Interestatal 80 a su paso por Battle Mountain, en Nevada (EE.UU.), un extraño fenómeno: la prueba de que el campo magnético de la Tierra puede volverse loco de repente e intercambiar su posición en unos pocos años. Es la segunda vez que los investigadores encuentran indicios de algo semejante.


La primera evidencia de una inversión en los polos magnéticos se produjo en 1995, cuando unos antiguos flujos de lava bien conservados fueron encontrados en las montañas Steens de Oregón, también en EE.UU. La investigación sobre las rocas, realizada por un equipo de geólogos del Occidental College en Los Ángeles, reveló que en la lava había un patrón magnético inusual que sugería que el campo magnético había cambiado 10.000 veces más rápido de lo normal, a una velocidad de seis grados por día. Estos patrones se conservaron dentro de los cristales magnéticos de la lava, formados cuando ésta se enfrió, como la diminuta aguja de una brújula congelada en el tiempo.


Este hallazgo provocó una gran polémica y muchos científicos cuestionaron la hipótesis por resultar demasiado extravagante. Pero ha ocurrido una segunda vez. Según explican en la publicación norteamericana Science News, el responsable del anterior equipo, el geólogo Scott Bogue y su colega Jonathan Cañada, del Servicio Geológico de EE.UU., han encontrado otra piedra volcánica en Battle Mountain (Nevada) en la que existen evidencias de un rápido segundo «tirón», fechado hace 15 millones de años. El registro sugiere que el campo magnético de la Tierra giró 53 grados en un solo año, lo que puede significar que los polos cambiaron su posición ¡en tan solo cuatro! Por supuesto, hablamos de polos magnéticos, no los polos físicos.

De nuevo, el hallazgo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, ha desatado la polémica. Algunos geólogos sostienen que la Tierra podría estar entrando ahora mismo en una nueva inversión de los polos, ya que el campo geomagnético ha sido cada vez más débil en los últimos 150 años. ¿Qué pasaría si las brújulas comenzaran a señalar el Mediterráneo como el norte de la península? Aparte del caos inicial y del espectacular cambio que supone tener nuestros puntos cardinales patas arriba, Bogue asegura que «probablemente, no sucedería gran cosa». 
La cuenta atrás de una erupción volcánica



Los volcanes dormidos mantienen en vilo a la comunidad científica, puesto que nunca deja de debatirse si volverán a entrar en actividad y, en este caso, en qué momento. En el caso del volcán islandés Eyjafjallajökull, que la pasada primavera tuvo en jaque a la aviación europea, los vulcanólogos eran conscientes de que algo se estaba fraguando en el interior de esta montaña tras dos siglos de letargo. Una investigación atribuye el despertar del Eyjafjallajökull a la existencia de un flujo de magma que discurría bajo el mismo.
FUENTE
CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario


En un artículo publicado en la revista Nature, vulcanólogos de Islandia, Países Bajos, Suecia y Estados Unidos indican que «estas erupciones son el colofón a dieciocho años de actividad volcánica intermitente.» Partiendo de datos de sistemas de GPS (Sistema de Posicionamiento Global) y de vigilancia sísmica, así como de mediciones superficiales, satelitales y de radar, evaluaron los cambios geofísicos observados en el Eyjafjallajökull, sobre todo cuando la estructura del volcán empezó a deformarse. Según los autores, el volcán empezó a hincharse casi tres meses antes de que en marzo entrara en erupción por uno de sus costados.
«Las erupciones estuvieron precedidas por varios meses de inestabilidad y desplazamientos de magma subterráneos que se dejaron sentir en forma de terremotos», explicó el profesor Kurt Feigl de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos). «El seguimiento de los volcanes permite comprender los procesos que conducen a las erupciones. Si se observa un volcán durante décadas se puede apreciar cuándo ha despertado de su letargo.»
El equipo, dirigido por el Dr. Freysteinn Sigmundsson del Centro Nórdico de Vulcanología de la Universidad de Islandia, empezó a vigilar muy atentamente esta montaña a finales del verano de 2009, cuando una estación de GPS situada en una ladera del Eyjafjallajökull reveló un leve desplazamiento. A principios del 2010 los investigadores observaron una aceleración de la deformación y una mayor frecuencia de los terremotos. Al no remitir esta actividad, los científicos instalaron más estaciones de GPS en las cercanías de la montaña. Pocas semanas después se detectó una aceleración en su proceso de dilatación. De este modo los investigadores se percataron de que en el interior del volcán había magma desplazándose en dirección ascendente.
Cuando a finales de marzo comenzaron las erupciones del Eyjafjallajökull, sus laderas se habían dilatado más de 15 centímetros, según indican los autores, por efecto del flujo de magma desde las profundidades de la Tierra hacia cámaras situadas por debajo de la montaña y próximas a su superficie.
La deformación se detuvo una vez el volcán entró en erupción. Sin embargo, el Eyjafjallajökull se diferencia de la mayoría de los volcanes en que, en lugar de desinflarse a medida que fluía el magma, permaneció dilatado hasta mediados de abril, cuando acabó la primera erupción.
«La deformación asociada a las erupciones fue inusual, al no guardar relación con cambios de presión en una única cámara magmática», escriben los autores. «La deformación fue rápida antes de la primera erupción, pero imperceptible durante la misma. La ausencia de una contracción coeruptiva clara indica que el volumen neto del magma expulsado desde capas poco profundas durante esta erupción fue reducido. El magma debió fluir desde una profundidad considerable.»
El volcán volvió a entrar en erupción el 22 de abril, y en esta ocasión la lava fluyó por otro conducto situado bajo el hielo de la cumbre. En consecuencia, el agua helada se convirtió en vapor y emanaron gases atrapados en burbujas dentro del magma, generando una columna de cenizas que se elevó a gran altura y provocó grandes quebraderos de cabeza a todos los viajeros en Europa.
Los resultados de este trabajo ayudarán a comprender mejor el fenómeno islandés, pero los autores señalan la necesidad de realizar más estudios para determinar el motivo de que los volcanes entren en erupción justamente cuando lo hacen, ya que los procesos geológicos que desencadenan la erupción siguen siendo una incógnita.
«Seguimos tratando de averiguar qué es lo que despierta a un volcán», reconoció el profesor Feigl. «La explosividad de la erupción depende del tipo de magma, y éste depende a su vez de la profundidad de la que procede. Nos encontramos muy lejos de poder predecir las erupciones, pero si logramos visualizar el movimiento ascendente del magma en el interior del volcán, conseguiremos comprender con mayor claridad los procesos que motivan la actividad volcánica.» 
Predecir el terremoto no, prevenirlo sí



Los terremotos ocurridos en Haití (12 de enero, magnitud 7,0) y Chile (27 de febrero, magnitud 8,8) y sus trágicos efectos han dado lugar a las lógicas preguntas: ¿cómo se originan? ¿Es posible predecirlos? ¿Se puede hacer algo para evitarlos?
FUENTE
El País Digital


En este caso, además, la proximidad temporal de estos dos terremotos ha suscitado un nuevo interrogante: ¿tienen algo que ver entre sí ambos sucesos? Para responder a estas cuestiones, vamos a situarnos en el marco de la dinámica global de nuestro planeta, en lo que se entiende como tectónica de placas.
La litosfera terrestre, es decir, la parte rígida y fría que abarca la corteza y la zona más superficial del manto, está fragmentada en grandes placas que se mueven horizontalmente, con independencia entre ellas y con velocidades de pocos centímetros al año. El arrastre de estas placas es producido por la parte superior del manto (astenosfera) sobre la que flotan que, a su vez, se mueve por las corrientes convectivas del manto.
Las interacciones de unas placas con otras han originado a lo largo de millones de años los grandes rasgos geológicos (montañas, trincheras y dorsales oceánicas, fallas y pliegues) y son actualmente la causa de los volcanes y los terremotos. Estos últimos se originan cuando la tensión producida en el encuentro de las placas y acumulada con el paso de los años supera la resistencia de las rocas en una zona de fragilidad (falla) y se libera súbitamente. Cerca del 95% de la energía sísmica se produce en los bordes de placas, y un 5% en su interior. Este último es el caso de los terremotos que ocurren en el interior de China y que están originados por el empuje de la placa de la India sobre la placa asiática. El mismo fenómeno ha generado la cordillera del Himalaya.
La mayor parte de la energía sísmica que se origina en los bordes de las placas se debe a un proceso de subducción por el cual una placa se desliza por debajo de otra. La subducción más frecuente tiene lugar cuando una placa oceánica choca con una continental. Esto es lo que sucede en el océano Pacífico, frente a la costa de Chile, donde la placa de Nazca (oceánica) se introduce por debajo de la placa suramericana (continental) con una velocidad próxima a 67 milímetros / año, produciendo terremotos gigantescos como el ocurrido ahora o como el del 22 de mayo de 1960 que, con su magnitud de 9,5, constituye el mayor fenómeno sísmico registrado instrumentalmente. La formación de los Andes y el volcanismo del área suramericana son también resultados de este choque de placas.


Por su parte, en el terremoto de Haití las placas que actuaron fueron la del Caribe y la de Norteamérica. El encuentro de ambas no fue de subducción sino de desplazamiento horizontal relativo con una velocidad aproximada de 20 milímetros/año. La rotura se produjo a lo largo del sistema de fallas Enriquillo-Plantain Garden, a una profundidad de 13 kilómetros, notablemente más pequeña que en Chile donde el hipocentro se localizó a 35 kilómetros.
Se trata, por tanto, de dos terremotos originados no sólo muy lejos uno del otro sino en marcos tectónicos muy diferentes, lo que permite afirmar que no guardan relación entre sí. Su coincidencia en el tiempo ha sido producto de la casualidad. Como también lo han sido otros dos terremotos de magnitud 7,0 que han ocurrido en el mismo periodo (18 y 26 de febrero) al sur de Japón y en la frontera de Rusia y Corea y han pasado desapercibidos para los medios de comunicación, y el más reciente de Turquía (8 de marzo) que, a pesar de su moderada magnitud (5,9), ha causado más de 50 muertos.
El marco de la tectónica de placas permite aproximarnos con más perspectiva al tema de la predicción de los terremotos ya que nos proporciona una explicación general sobre su origen. Es fácil aceptar que, mientras las placas sigan moviéndose y las fallas continúen existiendo, seguirán produciéndose terremotos. Es decir, podemos afirmar que donde ha habido sacudidas sísmicas volverá a haberlas, y su magnitud será similar a la de los terremotos anteriores. Pero esto no es en absoluto una predicción si entendemos el término predicción como una indicación, con sus márgenes de incertidumbre, de dónde y cuándo ocurrirá un terremoto individual, de cuánto será su magnitud y de cuál es la probabilidad de acierto de esta predicción.
Esto, hoy por hoy, no es posible con el grado de desarrollo de la sismología. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace que la predicción no sea posible para el caso de terremotos individuales mientras que sí lo es para otros fenómenos naturales como los huracanes o las erupciones volcánicas?
La respuesta es compleja y afecta tanto a la física del fenómeno como a sus observaciones. Por una parte, la corteza terrestre es extremadamente heterogénea y la distribución real de los esfuerzos actuantes y de la energía acumulada no es suficientemente conocida. Además, no existe una comprensión clara del proceso en la fuente sísmica y no se sabe bien cómo se produce la rotura ni cómo una falla concreta interactúa con los sistemas próximos y éstos entre sí. A pesar de los grandes progresos en los últimos años, todavía hay más preguntas que respuestas.


La falta de comprensión del proceso explica que no exista un fenómeno observable que pueda ser considerado sin ambigüedades como un precursor sísmico. Ello marca una diferencia muy clara respecto a los otros fenómenos naturales. Por ejemplo, aunque cada volcán es diferente, se puede predecir una erupción analizando la evolución de distintos fenómenos como las emisiones de gases, las deformaciones del edificio volcánico o la sismicidad asociada. En el caso de los terremotos, ninguno de los fenómenos considerados como precursores (variación del nivel de gas radón en los pozos, cambios en la razón de velocidades de las ondas P y S, modificaciones en la sismicidad de la zona, etcétera) parece ser realmente fiable. Es necesario por tanto profundizar en la comprensión del proceso sísmico y buscar nuevos fenómenos que sean observables y guarden una relación directa y estadísticamente probada con los terremotos.
A las dificultades inherentes al proceso sísmico se añade el problema de la observación de los fenómenos relacionados con él. En la investigación sismológica no ha habido, hasta los últimos años, un sistema de observación similar al de los satélites en el caso de la meteorología. Esta situación ha mejorado notablemente en la última década con la interferometría desde satélite y la creación de redes de GPS que permiten estudiar la evolución espacial y temporal de los campos de esfuerzos. Pero todavía hay que avanzar mucho en la captación de datos de interés sismológico.
El reconocimiento de estas limitaciones no debe llevarnos al pesimismo. Actualmente la sismología puede estimar con una alta fiabilidad el peligro sísmico de cualquier zona del planeta. Al hacerlo, permite señalar, con tiempo suficiente, en qué lugares es más urgente tomar medidas de prevención que permitan disminuir las pérdidas humanas y materiales. El trabajo en esta línea incluye el diseño de escenarios sísmicos en los que se evalúen los posibles daños y se planifique la respuesta necesaria, la educación de la población, el desarrollo de normativas de construcción sismo resistente y la exigencia de su cumplimiento. En algunos casos es posible también establecer sistemas de alerta sísmica temprana, como el de la Ciudad de México, o proteger instalaciones y servicios críticos como conducciones de gas y electricidad o trenes de alta velocidad.


La eficacia de las medidas de prevención explica la diferencia en el número de víctimas mortales producidas por los terremotos de Haití y Chile. En el primer caso, la mala construcción generalizada, la ausencia de una conciencia colectiva de amenaza sísmica y la falta de una estructura social sólida han contribuido a multiplicar el número de víctimas hasta alcanzar la pavorosa cifra de 230.000 muertos. En el segundo, el número de víctimas mortales no supera las 500, muchas de ellas debido a un inexplicable fallo humano en un sistema de alerta de tsunamis bien diseñado. Está claro, por tanto, que se pueden tomar medidas para disminuir el impacto de los terremotos. Y que es urgente hacerlo.
Autor: Miguel Herraiz Sarachaga (director del Departamento de Geofísica y Meteorología Universidad Complutense)  
La corteza terrestre se 'cura' tras un terremoto


La falla que se movió en el terremoto que asoló la ciudad iraní de Bam, el 26 de diciembre de 2003, ha vuelto a recuperar su forma inicial. Así lo confirma un estudio realizado por expertos de la Universidad de California, que han utilizado imágenes del satélite europeo 'Envisat' para comprobar el estado de la corteza terrestre.
FUENTE
El Mundo Digital


El seísmo que azotó la ciudad medieval de Bam, y acabó con casi 50.000 de sus 100.000 habitantes, se produjo al comprimirse la falla que hay en esa área del planeta con una fuerza que empujaba hacia arriba y hacia abajo, lo que hizo que la zona central se levantara unos centímetros. El terremoto fue de 6,6 grados en la escala Richter.
Doce días después se tomaron unas imágenes con el Envisat, que ahora se han comparado con otras tomadas a tres años y medio después, en junio de 2007. La técnica utilizada, denominada InSAR, consiste en combinar esas imágenes satélites con una cartografía digital del terreno.
Fue así como Eric J. Fielding y sus colegas han comprobado que la zona central de la falla que se había elevado en 2003 se ha hundido de nuevo, retomando su posición anterior. "Una de las hipótesis que plantean es que pueda deberse a que la corteza terrestre perdió agua y ahora la ha recuperado", explica el experto español Emilio Carreño, responsable de la Red Sísmica Española.
Carreño comenta que los satélites están siendo de gran utilidad para estudiar los movimientos sísmicos verticales, sobre todo en áreas con escasa vegetación.
No obstante, en ocasiones sus datos no son precisos. De hecho, investigadores de la Universidad de Valencia y de la NASA han comprobado que los datos sobre temperatura de la superficie terrestre del 'Envisat' se desvían casi 3ºC de la realidad. Las mediciones las han realizado en los arrozales valencianos y en el lago Tahoe de EE.UU.
Autor: Rosa M. Tristán

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