Saturday, January 07, 2012

Súper erupciones volcánicas, ¿qué las provoca?


La súper erupción de un volcán, que se produce aproximadamente cada 100.000 años, es uno de los eventos naturales más catastróficos de la Tierra. Puede provocar una gigantesca nube de gas que cubra el cielo entero durante años y afectar gravemente al clima y a la vida.
FUENTE
ABC Periódico Electrónico S.A.


Los científicos han estudiado este terrible fenómeno durante mucho tiempo, pero nunca han sabido con seguridad qué es lo que provoca las mayores explosiones violentas surgidas de las entrañas del planeta. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Oregón cree haber dado con la respuesta. Los resultados, presentados en la última reunión de la Sociedad Geológica de América en Minneapolis (Minnesota) señalan que una combinación de la influencia de la temperatura y la configuración geométrica de la cámara de magma puede dar lugar a este terrible fenómeno.
Las supererupciones son, afortunadamente, muy infrecuentes, pero han dejado una profunda huella donde han ocurrido, como la «explosión» del Huckleberry Ridge, hace dos millones de años en lo que hoy es el parque Yellowstone, que elevó el terreno hasta un kilómetro y fue más de 2.000 veces más grande que la del Monte Santa Elena en 1980 en Washington, o la del Lago Toba en Sumatra u otras erupciones en los Andes Centrales, Nueva Zelanda o Japón.
Patricia Gregg, autora principal del estudio, señala que la creación de un dúctil halo de roca alrededor de la cámara de magma hace que la presión crezca durante decenas de miles de años, lo que eleva el techo de la cámara de magma. Con el tiempo, las fallas de arriba provocan un colapso en la caldera y la posterior erupción. «Se puede comparar a la formación de grietas en la parte superior del pan cuando se expande», señala Gregg. «A medida que la cámara de magma aumenta la presión, se forman grietas en la superficie para acomodarse a la expansión. Con el tiempo, las grietas crecen en tamaño y se propagan hacia abajo, hacia la cámara de magma».


UNA «TORMENTA PERFECTA»
En el caso de los volcanes muy grandes, cuando las grietas penetran lo suficiente, pueden romper la pared de la cámara de magma y provocar el colapso del techo y la erupción. Según la investigadora, hace falta una «tormenta perfecta» de condiciones para que se cree una cámara de magma eruptivo de este tamaño, lo cual es una de las razones por las que las supererupciones han sido tan poco frecuentes a lo largo de la historia. Las reservas de magma que alimentan las erupciones pueden ser tan grandes como 10.000 a 15.000 kilómetros cúbicos y la cámara requiere repetidas intrusiones de magma desde abajo para calentar las rocas alrededor y hacerlas maleables. Es ese aumento de ductilidad lo que permite a la cámara crecer.
La erupción de estos supervolcanes empequeñece las de otros volcanes sucedidas recientemente, por mucho que hayan causado un caos aéreo en buena parte del mundo, como ocurrió con el islandés Eyjafjalljokull o angustien, como es lógico, a la población en El Hierro. Conocer este proceso es importante, ya que las grandes erupciones pueden cambiar el clima de la Tierra y provocar una Edad de Hielo y otros grandes impactos.
«Aparte del impacto de un meteorito, estas supererupciones son el peor de los riesgos ambientales a los que nuestro planeta puede enfrentarse», ha dicho Gregg. «Grandes cantidades de material son expulsados, devastando el medio ambiente y la creación de una nube de gas que abarca el mundo entero durante años».
Autor: J. de J.  
Nuevos datos sobre el límite entre el magma y el agua marina



Científicos de la expedición «335 Superfast Spreading Rate Crust 4» del IODP («Programa integrado de perforación oceánica») han logrado recuperar un grupo de basaltos templados mediante calor que ofrecen una idea completa del límite entre el magma y el agua de mar, una descripción que no ha estado exenta de complicaciones.
FUENTE
CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario


En los trabajos finales del Hoyo 1256D del Programa de Perforación de los Océanos (ODP), una perforación científica profunda de más de 1 500 metros en la corteza ígnea bajo el lecho marino del Océano Pacífico, el equipo de investigación obtuvo testigos de una sección completa de la corteza oceánica intacta hasta los gabros (un grupo de roca ígnea máfica, intrusiva y de grano grueso químicamente semejante al basalto que supone el 66 % de la corteza oceánica) en uno de los emplazamientos de penetración de roca dura más profundos del planeta con fines de perforación científica oceánica, según indicó el IODP en un comunicado.
En cooperación con empresas de prospección, el equipo estudió, aclaró y cebó el Hoyo 1256D ODP para aumentar su profundidad.
La expedición, dirigida por el Centro Nacional de Oceanografía (NOC) de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), fue la cuarta de una serie desarrollada entre 2002 y 2005.
Según los científicos el mayor proceso activo en la Tierra es la intrusión de gabro. Al año se introducen en la corteza más de doce kilómetros cúbicos de magma nuevo procedente del manto y, añaden, los minerales, la química y las texturas de las rocas gabroides conservan el registro de los procesos sucedidos en las profundidades de las dorsales oceánicas, emplazamientos en los que se genera nueva corteza oceánica.
«La formación de corteza nueva es el primer paso en el ciclo terrestre de tectónica de placas», explicó el profesor Damon Teagle del NOC de Southampton. «Este es el mecanismo principal por el que surge material y calor desde el interior de la Tierra hasta la superficie del planeta. Y es el movimiento y las interacciones de las placas tectónicas de la Tierra las que impulsan la formación de montañas y volcanes, los terremotos y el intercambio de elementos (como el carbono) entre el interior de la Tierra, sus océanos y la atmosfera.»
Por su parte, Benoît Ildefonse del CNRS y la Universidad de Montpellier 2, declaró: «La comprensión de los mecanismos mediante los que se forman placas tectónicas nuevas ha sido uno de los objetivos más importantes y antiguos de la prospección científica oceánica, pero la escasez de muestras adecuadas ha frenado el avance en este sentido debido a que la perforación profunda (hasta más de 1 000 metros en la corteza oceánica) en lavas sin cristalizar y rocas intrusivas de la corteza oceánica sigue planteando retos técnicos de gran envergadura.»
El Hoyo 1256D ODP se sitúa a cerca de 900 kilómetros de la costa oeste de Costa Rica en el Océano Pacífico, y a 1.150 kilómetros al este de la cordillera volcánica submarina conocida como Dorsal del Pacífico Oriental. El hoyo se encuentra sobre corteza de 15 millones de antigüedad formada durante un avance «superrápido» de la antigua Dorsal del Pacífico Oriental en el que las placas recién formadas se desplazaban en direcciones opuestas a más de 200 milímetros por año.
«Aunque la velocidad de separación de 200 milímetros al año es significativamente más rápida que las más rápidas que se producen en la actualidad en nuestro planeta, la corteza de separación superrápida era un objetivo interesante debido a que los experimentos sísmicos en dorsales oceánicas activas indicaban que las rocas gabroides deberían formarse a profundidades mucho más someras que en cortezas formadas a velocidades de separación más lentas», explicó el profesor Teagle. «En 2005 recuperamos rocas gabroides a su profundidad predicha de aproximadamente 1.400 metros bajo el lecho marino, dando peso a la estrategia general de centrarse en zonas de separación superrápida.

Geólogos calculan dónde habrá una erupción volcánica



Un equipo internacional de geólogos ha encontrado una forma de calcular dónde puede ocurrir una erupción volcánica. La clave de su trabajo ha sido relacionar distintas erupciones.
FUENTE
Público

Los científicos, pertenecientes a las universidades de Leeds Purdue, Indiana y Addis Abeba, investigaron la actividad volcánica en la depresión de Afar, al norte de Etiopía, durante los años 2005 y 2009.
Al estudiar una secuencia de 13 fenómenos magmáticos en los que la piedra fundida circulaba por una fisura entre las placas tectónicas africana y asiática, comprobaron que la localización de las intrusiones de magma no eran al azar. De hecho, a cada evento le sucedía un cambio concreto en la tensión de la corteza terrestre. Su trabajo, publicado por Nature Geoscience, ayudará a los científicos a calcular no cuándo se va a producir una erupción pero sí dónde.
Uno de los investigadores, Ian Hamling, explica: "Se sabía que tras un gran terremoto podían venir otros seísmos pero, hasta ahora, nuestro conocimiento de los eventos volcánicos estaba basado en casos aislados".
El equipo analizó la erupción de septiembre de 2005 en el desierto de Afar. El magma atravesó entre dos y nueve kilómetros de estratos provocando una alteración de la tensión terrestre. Después se sucedieron otras 12 menores intrusiones en cuatro años. Midiendo los niveles de tensión en cada zona de intrusión magmática, vieron que las erupciones a la superficie se producían en las zonas de mayor presión.

Las erupciones volcánicas submarinas, inadvertidas y frecuentes



Las erupciones submarinas, como la ocurrida en las proximidades de la isla de El Hierro, se producen por fisuras en la superficie terrestre que se encuentra bajo el nivel del mar, pasan inadvertidas y son más frecuentes que las de los volcanes que emiten tierras emergentes, algunos de los cuales tuvieron su origen en el fondo marino.
FUENTE
Agencia EFE
10/2011


La erupción del volcán submarino de la isla de Hierro es la primera desde 1971, cuando explosionó el Teneguía, pero en esta ocasión tiene lugar en el fondo del mar.
Los volcanes submarinos suelen pasar desapercibidos, ya que la elevada presión del agua detiene las proyecciones y disuelve los gases, por lo que los signos de erupción no son visibles en la superficie del mar.
No ocurre lo mismo con los volcanes en el fondo de los lagos, que sí se observan en la superficie.
En su mayoría, los volcanes submarinos tienen lugar en zonas de alto movimiento tectónico de placas, también conocidas como dorsales oceánicas.
Por su relevancia y características, los volcanes submarinos más explosivos se han observado en Tonga, islas Marianas, Islandia, California (EE.UU.), Hawái (EE.UU.) y el Monte Marsili (Italia).
El volcán submarino en Tonga, en el archipiélago de Tonga del Pacífico Sur, entró en erupción el 17 de marzo de 2009, a unos diez kilómetros al suroeste de la isla principal de Tongatapu. La erupción, que tuvo su origen en un fuerte maremoto, fue visible sobre la superficie del mar.
En la conocida Cuenca Norte de Lau, entre Fiyi, Samoa y Tonga, se encuentran decenas de volcanes submarinos activos localizados entre 1.000 y 1.500 metros de profundidad bajo las aguas.
El volcán NW Rota-1, en las islas Marianas (EE.UU.), ha sido hasta ahora el único lugar del planeta donde se ha observado un volcán submarino directamente en erupción.
Las primeras explosiones se detectaron en 2004 y de nuevo se repitieron en 2006.
Lo más característico de este volcán son los diversos animales, algunos nuevas especies, que se han adaptado a un ecosistema difícil para la vida, ya que se nutren de sustancias químicas, tóxicas, pero que paradójicamente son dependientes de las emanaciones volcánicas.
El volcán Eldfell (Montaña de Fuego), en la isla islandesa de Heimaey, entró en erupción el 23 de enero de 1973 y provocó la evacuación de los 5.000 habitantes de la ciudad de Heimaey, antes de quedar sepultada por la lava.
El volcán Morro Rock, en California (EE.UU.), se encuentra en la bahía californiana del mismo nombre. Fue descubierto en 1542 por el marino portugués Joao Rodrígues Cabrilho.
Mide 177 metros de altura y su cima se encuentra sobre la superficie del mar.
Es un referente para los marineros y turistas y la tribu Chumash, que tenía un asentamiento en las proximidades del volcán, lo consideran un lugar de culto.
El volcán Molokini, en Hawái, es un antiguo volcán. Se encuentra a 5 kilómetros de Maui y parte de su estructura emerge desde el océano.
En forma de media luna, el cono del volcán está coronado por un cráter de 540 metros de diámetro y el extremo norte se encuentra por debajo del nivel del mar.
Junto a estos cinco, se encuentra en Europa el volcán Monte Marsili, en Italia, que es uno de los más grandes.
Hermano del Etna pero en el mar, el Monte Marsili se eleva a 9.800 pies de altitud en el fondo marino del mar Tirreno y según los científicos que lo observan permanentemente, puede activarse en cualquier momento.
La humanidad amenazada: gobernar los riesgos globales.



Innerarity, Daniel y Solana, Javier (eds.).
Paidós. Barcelona-Buenos Aires-México
332 páginas

El título de este libro colectivo anuncia ya un diagnóstico común que comparten todos sus autores: la humanidad se encuentra enfrentada a una serie de riesgos globales que amenazan su propio futuro y urge, por tanto, profundizar en el análisis de esa situación y buscar respuestas desde la política porque, como sostiene Daniel Innerarity en la Introducción, “vuelve la política en tres aspectos fundamentales: como retorno del Estado, como recuperación de la lógica política y como exigencia de gobernar democráticamente los riesgos”.
Partiendo de esas premisas, Ulrich Beck actualiza su ya clásico análisis de “la sociedad del riesgo” para alertar de que “los riesgos globales están produciendo ‘estados fallidos o en bancarrota’ incluso en occidente”, poniendo como caso más evidente el de Grecia, pero alertando de que en la misma situación pueden hallarse Italia, Gran Bretaña o Estados Unidos. Daniel M. Weinstock abunda en el mismo sentido al considerar que “no es el riesgo per se sino más bien el riesgo catastrófico, lo que exige que repensemos la forma en que concebimos nuestra política”, mientras otros autores corroboran esa conclusión ofreciéndonos los ejemplos del calentamiento global, la amenaza nuclear, los riesgos bélicos o...los riesgos de mercado. En ese contexto el lugar del Estado-nación es reinterpretado, constatando Edgar Grande que “el Estado-nación está integrado por nuevas esferas cosmopolitas de acción y nuevas formas transnacionales de gobernanza”, buscando así coincidir con interpretaciones más complejas como la de Saskia Sassen en obras como Territorio, autoridad y derechos, cuya tesis del “ensamblaje” aporta, desde mi punto de vista, un mejor enfoque de la interrelación entre los Estados y la “globalización neoliberal”. Se trata de un punto de vista cercano al que nos proporciona Ignacio Aymerich cuando resalta la evolución del derecho contemporáneo desde la diferenciación territorial a la sectorial, poniendo como ilustración de ese análisis la Lex mercatoria que se ha ido imponiendo a escala transnacional y supraestatal.
Es precisamente sobre la crisis que estos procesos generan en el carácter democrático del sistema de Estados-naciones vigente en lo que pone el acento Gurutz Jáuregui, quien llega a sostener que “el Estado democrático está siendo reemplazado por un Estado de derecho privado” y que estamos asistiendo a una “crisis general de legitimación no sólo de los Estados sino también del orden internacional por ellos creado”. Una línea de reflexión que parece compartir Michel Wiewiorka al reconocer que estamos asistiendo a la crisis de la democracia representativa, proponiendo, para evitar caer en una “democracia contemplativa”, ofrecer nuevas perspectivas mediante el fomento de formas de democracia participativa y deliberativa. Ante esta situación límite y a la tendencia a pasar del riesgo a la incertidumbre, como subraya Elena Pulcini, lo importante es saber hacer frente al “miedo líquido” (Bauman), implosivo y paralizante, y evitar el “autoengaño” para así asumir conscientemente el “temor por el destino del mundo”.
Especialmente discutibles me parecen el trabajo de Zaki Laïdi sobre la Unión Europea para valorar si le es aplicable la definición de “potencia con aversión al riesgo” y, sobre todo, el de Javier Solana, quien parece confiar en “soluciones con liderazgo” que puedan venir de Europa, cuando, como está ocurriendo ahora, su profunda crisis de centralidad en el mundo, de identidad y de proyecto salta a la vista.
La lectura de esta obra colectiva, cuyo origen está en un coloquio internacional celebrado en octubre de 2010 en San Sebastián, es sin duda estimulante si se quiere buscar interpretaciones del estado del mundo que reconozcan los riesgos globales a los que debemos enfrentarnos. Cabe echar en falta una mayor profundización en las causas de su desencadenamiento, relacionadas con un sistema económico y social y un “modelo” civilizatorio que son los responsables precisamente de que esté en juego la supervivencia de la humanidad. El problema es, por tanto, mucho más grave y exige alternativas radicales, como las que se están exigiendo ya desde los movimientos de indignados e indignadas que se están extendiendo por el planeta.
Jaime Pastor
Profesor titular de Ciencia Política. UNED

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