Saturday, February 03, 2007

COMO VEMOS LA TIERRA DESDE EL ESPACIO.

UNA VISIÓN DE LA TIERRA

La vista de la Tierra que dio la bienvenida a los astronautas del Apollo 8 cuando su nave espacial salía de detrás de la Luna en diciembre de 1968, después de que se diera la vuelta a su alrededor por primera vez. Una visión como ésta proporcionó a los astronautas, así como al resto de nosotros cuando volvieron a la Tierra, una perspectiva única de nuestro planeta. Por primera vez pudimos ver la Tierra desde las profundidades espaciales como una pequeña esfera de aspecto frágil rodeada de la negrura de un vasto universo. Estas visiones no solo fueron espectaculares y excitantes, sino que también despertaron nuestra humildad, al demostrarnos como nunca antes que parte tan diminuta del universo ocupa nuestro planeta.

A medida que nos acercamos a nuestro planeta des­de el espacio, se pone de manifiesto que la Tierra es mucho mas que roca y suelo. De hecho, los rasgos más llamativos no son los continentes, sino las nubes turbulentas suspendidas encima de la superficie y el enorme océano global. Desde un punto tan ventajoso podemos apreciar por que el ambiente físico de la Tierra se divide tradicionalmente en tres partes principales: la Tierra sólida; la porción acuosa de nuestro planeta, la hidrosfera y la cubierta gaseosa de la Tierra, la atmósfera.

Debe destacarse que nuestro medio ambiente está muy integrado. No está dominado únicamente por rocas, agua o aire. En cambio, se caracteriza por interacciones continuas entre ellas a medida que el aire entra en contacto con las rocas, las rocas con el agua y el agua con el aire. Además, la biosfera, que constituye la totalidad de vida vegetal y animal sobre nuestro planeta, interacciona con cada uno de los tres reinos físicos y es una parte igualmente integrada de la Tierra.

Las interacciones entre las cuatro esferas de la Tie­rra son continuas e incontables. La línea de costa es un lugar obvio de encuentro entre las rocas, el agua y el aire. Las olas oceánicas, que se forman por el arrastre de aire que se mueve sobre el mar, se rompen contra la costa rocosa. La fuerza del agua puede ser poderosa y el trabajo de erosión que se lleva a cabo importante.

Hidrosfera

A la Tierra se le llama a veces el planeta azul. El agua, más que cualquier otra cosa, hace que la Tierra sea única. La hidrosfera es una masa de agua dinámica que está en movimiento continuo, evaporándose de los océanos a la atmósfera, precipitándose sobre la Tierra y volviendo de nuevo al océano por medio de los ríos. El océano global es, por supuesto, el rasgo mas destacado de la hidrosfera: cubre casi el 71 % de la superficie terrestre y representa alrededor del 97 % del agua de la Tie­rra. Sin embargo, la hidrosfera incluye también el agua dulce que se encuentra en los torrentes, lagos y glaciares, así como el agua subterránea.

Aunque estas últimas fuentes constituyen tan solo una diminuta fracción del total, son mucho mas importantes de lo que indica su escaso porcentaje. Además de proporcionar el agua dulce, tan vital para la vida en la Tierra, los ríos, glaciares y aguas subterráneas son responsables de esculpir y crear muchos de los variados paisajes de nuestro planeta.

Atmósfera

La Tierra está rodeada de una capa gaseosa denominada atmósfera. Este manto de aire, muy delgado en comparación con el diámetro de la Tierra, es una parte integral del planeta. No sólo proporciona el aire que respiramos, sino que también nos protege del intenso calor solar y de las peligrosas radiaciones ultravioletas. Los intercambios de energía que se producen de manera continua entre la atmósfera y la superficie de la tierra y entre la atmósfera y el espacio producen los efectos que denominamos clima.

Si, como la Luna, la Tierra no tuviera atmósfera, nuestro planeta no solo carecería de vida, sino que, además, no actuarían muchos de los procesos e interacciones que hacen de la superficie un lugar tan dinámico. Sin la meteorización y la erosión, la faz de nuestro planeta se parecería mucho a la superficie lunar, que no ha cambiado apreciablemente en casi tres mil millones de anos de historia.

Biosfera

La biosfera incluye toda la vida en la Tierra. Está concentrada cerca de la superficie en una zona que se extiende desde el suelo oceánico hasta varios kilómetros de la atmósfera. Las plantas y los animales dependen del ambiente físico para los procesos básicos de la vida. Sin embargo, los orga­nismos hacen algo más que responder a su ambiente físico. De hecho, a través de incontables interacciones, la biosfera influye mucho en las otras tres esferas. Sin la vida, la super­ficie y la naturaleza de la Tierra sólida, la hidrosfera y la atmósfera serian muy diferente.

Tierra sólida

Debajo de la atmósfera y los océanos se encuentra la Tie­rra sólida. Gran parte de nuestro estudio de la Tierra sólida se concentra en los accidentes geográficos superficiales más accesibles. Por fortuna, estos acci­dentes representan las expresiones externas del comportamiento dinámico de los materiales que se encuentran debajo de la superficie. Examinando los rasgos superficiales más destacados y su extensión global, podemos obtener pistas para explicar los procesos dinámicos que han conformado nuestro planeta.

La transición continente-océano. Las dos divisiones principales de la superficie terrestre son los continentes y las cuencas oceánicas. Es importante darse cuenta de que la línea de costa actual no es el límite entre esas dos regiones. Antes bien, debajo de la mayoría de las costas se extiende en dirección al mar una plataforma de material continental en suave pendiente denominada plataforma continental. Un vistazo a la muestra que puede haber una considerable variación en la extensión de la plataforma continental de una región a otra.

Por ejemplo, la plataforma es muy ancha a lo largo de las costas Oriental y del Golfo de México de los Estados Unidos, pero relativamente estrecha a lo largo del margen Pacífico del continente. La extensión de la plata­forma continental varía también en gran medida de una época geológica a otra. Por ejemplo, durante el periodo continentes glacial más reciente, cuando gran parte del agua que hay en el mundo estaba almacenada en la Tierra en forma de hielo glaciar, el nivel del mar era unos 150 metros inferior al actual. Por consiguiente, durante ese periodo, la línea de costa estaba muy desplazada hacia el océano. Quizá el mejor emplazamiento del límite entre los continentes y las cuencas oceánicas sea un punto situado en la parte media de los taludes continentales: laderas escarpadas que van desde el borde externo de las plataformas conti­nentales hasta los fondos oceánicos profundos. Utilizando ésto como una línea divisoria, encontramos que alrededor del 60% de la superficie terrestre está constituida por las cuencas oceánicas, y el 40% es masa continental.

Elevaciones y profundidades. La diferencia más obvia entre los continentes y las cuencas oceánicas son sus cotas relativas. La altitud media de los continentes por encima del nivel del mar es de aproximadamente 840 metros, mientras que la profundidad media de los océanos es de unos 3.800 metros. Por tanto, los continentes están situados a una media de 4.640 metros (aproximadamente 4,6 kilómetros) por encima del nivel del suelo oceánico.

Las cotas de estas capas de corteza son, en gran medida, el reflejo de sus densidades. Los bloques continentales están compuestos por materiales que tienen una composición similar a la del granito, roca con una densidad media de unas 2,7 veces la del agua. La corteza de las cuencas oceánicas, por otro lado, tiene una composición similar a la del basalto, una roca que es unas tres veces mas densa que el agua.

Esta diferencia por si sola no puede explicar las posiciones elevadas de los continentes.

El material rocoso localizado a una profundidad de 100 kilómetros es blando y capaz de fluir. Por tanto, cabe pensar que la capa rígida externa flota sobre esa capa blanda, de una manera muy parecida a un cubito de hielo flota sobre el agua. Los bloques continentales, que consisten en gruesas capas de roca poco densa, flotan mas arriba que los materiales oceánicos mas finos y densos.

Los continentes. Dentro de estas dos esferas distintas, existen grandes variaciones de elevación. Los rasgos mas destacados de los continentes son los cinturones montañosos lineales. Aunque la distribución de las montañas parece ser aleatoria, no es así

Si consideramos las montañas mas jóvenes; descubriremos que están localizadas principalmente en dos zonas. El cinturón alrededor del Pacífico abarca las mon­tañas occidentales del continente americano y continua en el Pacífico occidental en forma de arcos de islas volcánicas. Los arcos de islas son regiones montañosas activas compuestas en gran medida por rocas volcánicas deformadas., "Forman este grupo las islas Aleutianas, Japón, las islas Filipinas y Nueva Guinea,

El otro cinturón montañoso importante se extiende hacia el este desde los Alpes a través de Irán y el Himalaya, y luego se dirige hacia el sur a Indonesia. Un examen cuidadoso de los terrenos montañosos revela que la mayoría son lugares dónde gruesas secuencias de rocas han sido comprimidas y deformadas, como si hubieran estado colocadas en un torno gigantesco.

También se encuentran montañas más antiguas en los continentes. Son ejemplos de ello los Apalaches en el este de Estados Unidos y los Urales en Rusia. Sus picos, en una ocasión elevados, están ahora desgastados como resultado de millones de años de erosión. Todavía mas antiguos son tos interiores continentales estables. Dentro de estos interiores estables hay áreas conocidas como escudos, grandes extensiones relativamente planas compuestas en gran medida por material cristalino. La datación radiométrica de los escudos ha mostrado que son regiones realmente antiguas. La edad de algunas muestras supera los 3.800 millones de anos- Incluso esas rocas, las más antiguas conocidas, exhiben signos de enormes fuerzas que las plegaron y deformaron.

Las cuencas oceánicas. Hubo una época en la que se pensó que el suelo oceánico era una región monótona con tan solo alguna estructura volcánica ocasional que surgía de las profundidades de estratos sedimentarios horizontales del fondo oceánico. Esta percepción del suelo oceánico era incorrecta. Se sabe ahora que las cuencas oceánicas contienen las cordilleras montañosas más prominentes de la tierra: el sistema de dorsales oceánicas. La Dorsal Mezo atlántica y la Dorsal del Pacífico Oriental son partes de este sistema. Este amplio y elevado accidente geográfico forma un cinturón continuo que abarca mas de 70.000 Kilómetros alrededor del globo, de una manera similar a como lo hace la costura alrededor de un balón. En vez de estar compuesta por rocas muy defor­madas, como la mayoría de las montañas observadas sobre los continentes, el sistema de dorsales oceánicas consiste en un apilamiento de capas de lava que han sido fracturadas y elevadas. El suelo oceánico contiene también surcos extremadamente profundos, que alcanzan a veces mas de 11.000 metros de profundidad. Aunque esas fosas submarinas son relativamente estrechas y representan sólo una pequeña fracción de los fondos oceánicos, son sin embargo rasgos muy significativos. Algunas fosas están localizadas junto a montañas jóvenes que flaquean los continentes. Por ejemplo, la fosa Perú-Chile, situada a lo largo de la costa occidental de Sudamérica, corre paralela a los Andes. Otras fosas son paralelas a arcos de islas volcánicas.

¿Cual es la conexión, si hay alguna, entre los cinturones de montañas jóvenes y activas y las fosas submarinas oceánicas? ¿Cual es el significado del enorme sistema de dorsales que se extiende a través de todos los océanos del mundo? ¿Que fuerzas pliegan las rocas para producir las majestuosas cordilleras montañosas? Hay que responder a estas preguntas si queremos entender los procesos dinámicos que conforman nuestro planeta.

Universidad de Chile
Departamento de Pregrado
www.cfg.uchile.cl

1 comment:

Monica said...

es increible todo lo que hay en el universo..